La Bandada en México querido!

Llegan al aeropuerto de  México cargados. Entre sus pertenencias se pueden apreciar un acordeón, un violín, cuatro máscaras de pájaro, y unos cuantos  libros. Son la BANDADA y volaron desde lejos.

En D.F, los reciben con los brazos abiertos. Delfina y su familia acaban de conocerlos, y los tratan como los primos lejanos de los que tanto les habían hablado. Su casa,  se transforma en un lugar conocido, donde sentirse a salvo, y retornan a ella un par de veces durante el viaje.

Su primer objetivo es el FESTIVAL INTERNACIONAL “GRITO DE MUJER”. Comienza en el centro cultural José Martí, continúa en el Palacio de bellas Artes, en el Teatro Municipal de Tenango del Valle, donde la Bandada hace su primera presentación. Consiste en la declamación e  interpretación teatral y musicalización de quince poemas del LIBRO “BEATRIZ”, de  la poeta chilena Victoria Herreros Schenke. La historia tiene cuatro ejes centrales, representados por cuatro personajes, interpretados por la poeta ya nombrada, la  acordeonista Romina Concha, el violinista Diego Silva, y la bailarina Darenka Labrín, todos enfrentados al personaje principal, que tiene muchos rostros y muchas máscaras. Después de todo, el fin del mundo lo llevamos cada uno de nosotros, porque todos nos vamos a morir.

Al día siguiente, el festival continúa, esta vez en el COSMOVITRAL DE TOLUCA DE LERDO. El jardín botánico dentro de un vitral enorme, crea una confusión de colores, hay algo onírico en ese escenario, donde la bandada vuelve a hacer su despliegue, más lúcidos, más vigiles.

El viaje continúa. Se dirigen a Chiapas. Los buses que los transportaban al PRIMER ENCUENTRO INTERNACIONAL POLÍTICO, ARTÍSTICO Y DEPORTIVO DE MUJERES QUE LUCHAN, organizado por las mujeres zapatistas del ELZN, donde pierden el rumbo y demoran veintisiete horas en llegar. Asisten nueve mil mujeres de todo el mundo. Se viven tres días de encuentro, compulsivo y afectivo como para cambiarle la vida a cualquiera. Las mujeres zapatistas cuentas su historia, hablan de los siete principios que los rigen, de su cosmogonía, sus saberes y sobretodo  de su lucha. La bandada se presenta en el festival, temprano. Comienza con un taller de danza oriental y corporalidad, en el que las asistentes logran conectarse y transmitir a través del cuerpo. Luego observan la presentación, se conmueven, algunas lloran, la bandada también se emociona, las emociones se transmiten en tantos lenguajes que es imposible quedarse al margen. De pronto, la trágica historia les pertenece a todos, todos son pájaros grises contra la ventana, se miran  a los ojos, y se compadecen de tal suerte.

Al término del encuentro, la bandada se moviliza SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS.  Llegan al centro cultural “El patio de Chila”. Hay jóvenes de distintas nacionalidades y ocupaciones, muchos de ellos vienen también del encuentro, y casualmente, de entre las nueve mil personas que  se habían topado allá, algunas se reencontraron bajo ese techo. La ciudad recuerda un poco a Valparaíso. Las  subidas y  los murales son comunes, signo inequívoco de una ciudad alerta, dispuesta a escuchar lo que tienes para decir, la bandada vuelve al escenario en el centro cultural donde se están quedando. El público son las personas con las que han estado los últimos días, tocando música en las noches, y conversando hasta entradas las once, la hora del silencio. Un tornado aparecido de un día soleado y brillante impide que la bandada siga su rumbo. La tormenta es acompañada con el violín y el acordeón, y de pronto, todos están como escuchando llover.

Parten un día después rumbo al TULUM. Un viaje por tierra de veinte horas logra llevarlos a destino. En el caribe visitan algunos cenotes, las ruinas de Cobá, el equinoccio en Chichen –itzá, Cozumel, Playa del Carmen. Se quedan cuatro días y regresan al D.F, a casa de Delfina y su familia.

La mitad del grupo se queda en la metrópolis, la otra, viaja a Oaxaca, la otra mitad visita ruinas, la casa azul, el museo de Diego Rivera, y los libros son distribuidos en algunas librerías como “La Torre de Lulio”, especialista en poesía, y en el centro cultural feminista “La Gozadera”, y tras otros cuatro días, la bandada está lista para volar de regreso. En total estuvieron un mes en México, tiempo suficiente para extrañar y a la vez no querer volver todavía.

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