Audiobook: Beatriz

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CONTRA LA MUERTE

Beatriz, de Victoria Herreros Schenke. Editorial Signo, Santiago 2017. 58 págs.

Comentado por Francisco Véjar

Publicado en Revista de Libros de El Mercurio. 8 de Abril del 2018

Beatriz es el primer libro de poemas que da a conocer Victoria Herreros Schenke (Santiago, 1988). El volumen comienza con un epígrafe de Jorge Teillier que dice: “El vacío de mi hermana me sigue cada día./ Cuando yo muera habré muerto antes de su muerte”. Los versos aquí citados son la viga maestra de todo el trasunto de estas páginas, donde lo elegíaco la emparienta con obras tan señeras como Réquiem, de Humberto Díaz-Casanueva, o “Los sonetos de la muerte”, de Gabriela Mistral (incluido en Desolación). Es decir, se une a la gran tradición de la poesía chilena, con un lenguaje llano, propio, que nos logra conmover. Ejemplo de ello es el texto que da título al poemario y que es el nombre de su hermana fallecida, hace tres años. Ahí escribe: “En esta casa,/ todos los espejos están rotos,/ desde que no estás,/ nos reflejamos desfigurados y por partes,/ tus bellas fotografías ocupan su lugar. Y más adelante, apunta: “Porque las tumbas son prisiones certeras y absolutas,/ porque no cerraste los ojos ante lo inminente,/ porque no te queda carne en los huesos,/ y porque desde que no estás, tu nombre no se pronuncia,/ tu nombre no se pronuncia,/ Beatriz”.

En el mismo texto habla de las ventanas abiertas y resquebrajadas de su casa, esperando la vuelta de la hermana. Tal vez, sin darse cuenta, se adhiere también a los poetas metafísicos ingleses, cuando se revela contra la muerte, a la manera de John Donne y de tantos otros y otras. Este poemario plantea interrogantes y certezas. Así lo confirma el poema que lleva por nombre “Eco”: “La vida es una batalla constante contra la putrefacción”.

Luego, en “Lumbre”, se hace evidente el tono confesional y, al mismo tiempo, el retorno a la infancia: “Somos niños,/ es invierno como de costumbre,/ las sombras que nos depositan alrededor de los ojos,/ le dan un aspecto macabro a nuestro asombro infantil (…)/ Mi hermana, la menor, ya no está,/ y quizás de alguna manera, nunca estuvo,/ mientras que yo,/ todas las noches, sin falta,/ arrullo a los hijos que nunca tuvo,/ antes de dormir, les cuento historias/ sobre cómo era el mundo cuando ella estuvo en él,/ porque el que vino después,/ no vale la pena”. Ahí aparece plenamente la mirada nihilista, ante la pérdida, la desolación y el vacío.

Con este libro, Victoria Herreros demuestra talento y valentía al abordar un tema tan manido como la muerte, y nada menos que en su primera entrega poética. También es necesario destacar el prólogo, escrito por la poeta y escritora Carmen Berenguer, en el que hace alusión al estoicismo y lucidez de su escritura. Ahora la esperan nuevos desafíos.

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